Amor, complejidad e inter-seccionalidad

Sean Saifa Wall, by Dottie Suggs

Sean Saifa Wall. Foto: Dottie Suggs.

“Aquí, en este lugar, somos carne; carne que llora, ríe; carne que danza con pies descalzos sobre la hierba. Ámala. Ámala fuertemente. Allá no aman tu carne. La desprecian. ¡Tú tienes que amarla, tú!” – Tony Morrison, Amado

Cada vez que hablo de mi historia intersex, no puedo evitar hablar acerca de mis padres. Aunque era un bebé que debía “salvar el matrimonio”, en la verdadera tradición de los católicos romanos, mis padres se arrodillaron y oraron por mí. Al hablar con algunas personas intersex, en especial con un par de personas en mi familia, ven sus rasgos intersex como una maldición, lo cual es irónico dado mi punto de vista; el universo consideró conveniente el bendecir a mis padres con un niñx intersex.

Cuando llegué al mundo con genitales ambiguos y testículos no descendidos, los doctores no sabían cómo debía ser asignado, pero decidieron que tenía lo que era conocido como Síndrome de Feminización Testicular, ahora conocido como Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos (SIA). Y al igual que mis dos hermanas mayores que también tienen SIA, fui asignado mujer.

Sean Saifa Wall

Sean Saifa Wall. Foto: suministrada.


En esencia, era una niña y un niño no nacido.

Crecí en el Bronx, el hogar del hip hop. Esta forma de arte, había nacido en una ciudad que había renunciado a sus jóvenes negros y latinos, quienes vivían en los límites del centro de la ciudad. La “huida de los blancos”(“White Flight” [1]) del centro de la ciudad llevó a muchos a Long Island, al norte de Nueva York y a Westchester. El Bronx estaba en llamas.

Literalmente. El presidente Jimmy Carter, llevó su caravana presidencial a través del sur del Bronx, presenciando vecindarios abandonados y desolados que asemejaban muchas condiciones de los países en el hemisferio sur. Crecí en la década de 1980, en la época del grupo musical New Edition, los tenis shelltoes, los peinados ‘high top fades’, Michael Jackson, y si tuviste mala suerte el peinado ‘jheri curls’. Mi Nueva York de la década de 1980, estuvo marcado por vagones de metro bombardeados de graffitti, las Torres Gemelas que aún estaban de pie en el horizonte de Nueva York, proyectos de vivienda, y Bernard Goetz, el vigilante del metro que disparó a cuatro adolescentes negros, y crack de cocaína.

Para mí, el verano implicaba fiestas en el parque y pasar el rato con amigos. Recuerdo los días de verano, llenos de helado, risas y saltar la cuerda. Había un olor a ajo que impregnaba los pasillos, junto con los condimentos ‘Sazon’ y ‘Adodo’, y de fondo se escuchaba música bachata, salsa, merengue y dancehall.

Este era el Bronx.
Este era mi hogar.

Era una niña hiperactiva, corriendo por toda la casa con el pecho desnudo, haciendo declaraciones de que me casaría con la amiga de mi hermana y que era un niño. A mi manera, comencé a sembrar lo que se convertiría en una resistencia de toda la vida contra lo que los doctores pensaban que yo era, y que debería ser.

No obstante, a la edad de 13 años, estaba confundido por la pubertad. Mi cuerpo empezó a traicionarme; los suaves rasgos de una niña, estaban haciendo espacio para una mandíbula más angulosa, brazos y piernas velludos, hombros anchos y una voz más grave. Las personas comenzaron a cuestionar mi género. Al mismo tiempo que tenían lugar estos cambios, sentí un dolor en la zona inferior de mi ingle, un dolor que me dejaba en el suelo retorciéndome en agonía. Mi mamá eventualmente me llevó al Hospital Columbia-Presbyterian en Nueva York, donde me extirparon mis testículos no descendidos. Mis rasgos masculinos ahora daban lugar a unos suaves, y a curvas femeninas y depósitos de grasa, esto debido a la terapia de reemplazo hormonal con estrógenos. Todos los días en la escuela secundaria, tomé esas pequeñas pastillas amarillas, que mi mamá me recordaba me harían ver muy “hermosa”.

Pero yo no quería ser hermosa.

Aunque tenía una cara con rasgos suaves, me entendía a mí mismo de una forma definitivamente más masculina que femenina. Cuando me mudé a Bay Area en 2003, me uní a una comunidad de hermanos trans, la cual cambió mi vida para siempre. Debió de haber estado sucediendo algo muy especial en el universo alrededor de 2004, ya que muchas de las relaciones de amistad que comenzaron en esa época, aún existen en la actualidad. Un grupo de nosotros comenzó a tomar testosterona, y uno por uno comenzaron a cambiar. Sus voces comenzaron a hacerse graves, sus libidos se atenuaron o aumentaron mucho y les crecieron bigotes, así, nuestro grupo de hermanos se convirtieron en hombres.

Pero mientras mis hermanos trans estaban revelando sus cambios, yo estaba teniendo reacciones adversas a la testosterona, como mucha sensibilidad en los pezones, distensión abdominal e irritabilidad. Los médicos estaban perplejos, no sabían cómo administrar testosterona a alguien que era parcialmente resistente a la testosterona. Mientras algunos de mis hermanos estaban llevando sus vidas como hombres, la verdad acerca de mi cuerpo ya no podía seguir siendo ignorada. En ese momento, me di cuenta que era intersex.

Ese reconocimiento tuvo sentido, pero al mismo tiempo, me sentía solo. Anhelaba pertenecer a una comunidad que entendiera y reflejara quien era. Eventualmente, me puse en contacto con un grupo de personas intersex, pero me di cuenta que había muy pocas personas de color en ese espacio.

"and they stay hungry for dark meat" - Sean Saifa Wall

“and they stay hungry for dark meat” (y permanecieron hambrientos de carne oscura)


No solo soy intersex.
Soy negro y soy queer.

En este itinerario del nacionalismo Negro en los Estados Unidos, el Movimiento por las Vidas Negras, ha puesto en evidencia las muchas maneras en que las personas Negras son afectadas por la violencia de estado, ya sea a través de la violencia interpersonal, mediante la policía o por condiciones socioeconómicas que crean violencia. Personalmente, fui devastado por la violencia de estado, cuando mi padre fue encarcelado, y también atestigüe como el estado ha criminalizado a personas en mi familia y comunidad. Como persona intersex, las similitudes son claras – el estado apoya al sistema médico a dibujar las fronteras del género sobre los cuerpos de lxs niñxs y adultxs intersex. Aunque son temas aparentemente diferentes, comparten el mismo denominador común, la violencia patrocinada por el estado contra los individuos marginalizados. Lo que también es similar entre estos temas es que, al igual que los doctores, los oficiales de policía son contratados como guardianes del bienestar social. Vamos con los doctores para recibir orientación, y de alguna forma, protección.

Como sociedad, también hemos codificado cuales cuerpos son normales y protegidos. Los cuerpos Negros, Indígenas y Latinos, tienen más probabilidades de ser perfilados, encarcelados y deportados. Históricamente, y en el presente, la esterilización forzada ha afectado a las madres Negras y Latinas, en los servicios de salud y en las cárceles. Para las personas que nacen con cuerpos médicamente diagnosticados como “no normativos”, tales como los cuerpos de quienes nacen intersex, estas personas son sometidas a cirugías genitales invasivas y médicamente innecesarias, que a menudo dejan cicatrices físicas y emocionales. Desafortunadamente, el sistema en el que vivimos, elige quien vivirá con seguridad y quien vivirá en el caos.

A pesar de que la sociedad me dice que no soy suficiente, como hombre, persona Negra, persona queer, o persona intersex, estoy determinado a crear un hogar en mi cuerpo, en el que pueda sentirme seguro y amado. Haciendo esto, creo un espacio para que otras personas intersex de color, existan en un mundo que no los ama, o que no está listo para su grandeza. En nuestro regreso a casa a nuestros cuerpos, dejo estas palabras de Amado de Toni Morrison:
“Y no, no están enamorados de tu boca. Allá, allá afuera, la verán rota, y la romperán de nuevo. Lo que digas con ella, no le prestarán atención. Lo que grites con ella, no lo escucharán. Lo que pongas en ella para nutrir tu cuerpo, te lo arrebatarán y en su lugar te darán sobras. No, ellos no aman tu boca. Tú tienes que amarla. Es carne de lo que estoy hablando aquí. Carne que necesita ser amada.”

– por Sean Saifa Wall, activista intersex, artista y escritor. EMERGE

Saifa fue recientemente fue entrevistado por Julie Compton para NBC OUT, en OutFront: An Unapologetic Black Voice in the Intersex Community
[1] “White Flight” es una expresión inglesa que podríamos traducir como la huida de los blancos, y hace referencia a un interesante fenómeno social en EUA que comenzó en la década de los cincuenta, continuó en los sesenta y setenta, y al día de hoy está lejos de haber terminado. Se trata de la huida masiva de la población euro descendiente, de determinadas zonas urbanas, en dirección a zonas racialmente más homogéneas.